jueves, 3 de septiembre de 2015

8. LA LEYENDA DE MARY McKENDRY o DEL LAGO PROFUNDO (Parte 2)


Rita continuó, asumiendo que Annie tenía interés en oír la historia:
_Cuentan que a principios del siglo XVIII, una adinerada familia _los McKendry_ se estableció en este mismo territorio. Lleno de ambiciosos proyectos, el jefe de la familia, el señor William McKendry, ofreció su hija Mary al hijo heredero de la otra familia adinerada de la región, cuyo nombre era Andrew Davis. Mientras los McKendry y los Davis establecían sus relaciones de negocios y al tiempo fundaban un pueblo, Mary y Andrew tuvieron una hija. Pero Mary escondía un controversial secreto, y una noche su esposo descubrió que ella mantenía una relación amorosa con un indígena, nativo de la zona. Un hombre, de aquella raza que se escondía de la vista de los colonos, ya que estos la buscaban arduamente para cazarla y hacerla desaparecer de lo que ellos consideraban su tierra.
A pesar de que su hija tenía el semblante de Mary, y la nariz de él, Andrew empezó a creer que criaba bajo su techo a una bastarda, y fue a hablar con su suegro acerca de esto.
Así fue que una noche, William McKendry siguió a Mary hasta un hermoso lago en medio del bosque. Ella y el indio se veían ahí cada luna, ya que decían los nativos que el agua del lago esconde una profundidad tan vasta como el verdadero amor de dos amantes.
Mas esa noche, William asesinó al indio, y antes de terminar con la vida de Mary, le advirtió que su hija también moriría. Luego de esto, la apuñaló y la arrojó a la oscuridad de las aguas del lago. Y se dice que hasta ahora, su cuerpo no ha tocado el fondo.
Annie sintió un ligero escalofrío, encogió las piernas y se acomodó en el sofá. Luego dijo:
_Fue interesante.
Pausó unos segundos, para respirar, luego pensó en otra pregunta:
_¿Por qué se refirieron ustedes a Mary como un fantasma?
_Oh, porque otra versión popular de la historia cuenta que el fantasma de Mary McKendry emerge de las profundidades del lago, cada noche de luna llena, para buscar a su hija perdida. Recuerdas que se dice que antes de asesinarla, su padre había amenazado con dañar a su hija. Nunca supo en vida lo que le pasó a la niña.
Annie no dijo nada.
_Han habido avistamientos del dichoso espectro cerca de la zona_ continuó Rita_; pueblerinos que afirman haberla oído gemir, y esas cosas. Hace varios años vimos algunos turistas curiosos intentando descifrar el misterio, interesados en lo paranormal. A tanto llegó el asunto en aquel tiempo, que un hombre comenzó a hacerla de guía de turistas en el pueblo.
_¡Vaya!_ exclamó Annie al fin. Tardó un momento en decir algo más, y entonces comentó:
_Es curioso que el nombre de este pueblo sea “Kendry”; seguro que se relaciona con personajes que realmente vivieron aquí, hace mucho. Es un nombre que se asemeja mucho al de los McKendry de la leyenda.
Además, la primera vez que vine, lo hice porque mi investigación me había traído hasta aquí, y al encontrar la dirección, noté que esta mansión se llama “La Perla de Kendry”, dato que no creo sea una mera coincidencia.
_No lo es, querida. Es el nombre que Jake le puso a esta casa, en honor al segundo nombre de su madre: Pearl. Y ya te has de imaginar que el nombre que encontraste es una traducción del original en inglés.
Annie pensó y dijo:
_The Pearl of Kendry.
_Bien_ felicitó Rita.
_Ya que lo pienso_ siguió Annie_, el nombre le queda a la perfección, pues tanto por fuera como por dentro, este lugar reluce.
_¡Oh, dulzura, eres muy amable!
_Bueno, es verdad_ reiteró.
Comenzó a enfriar, y ambas decidieron  volver adentro. Luego de cerrar el portón, Rita invitó a la detective a sentarse junto a ella en la sala de estar, y una vez se acomodaron, Annie continuó con su curiosidad:
_Con respecto a su banda, ¿qué tipo de música tocaban?
_Oh, era… quizá, una combinación de varios estilos que en otra época tuvieron nombre, y cierta vida. Creo que para generalizar, le llamaría “dream pop”, porque este término se usaba para describir la música de chicos como nosotros: de guitarras con efectos, y voces llenas de ensueño.
_Estoy segura que era música bella, pero debo confesar que su nombre como banda suena algo tétrico, en mi opinión.
_Bueno_ suspiró Rita_ , quizá eso no pudimos evitarlo. Creo que lo “tétrico” siempre fue parte de nosotros. Todo fue proyecto de Jake. Él ama la música, ama crearla, y había tenido la ilusión desde hacía tiempo, de formar su propio ensamble. Con nosotros a su lado, supo que había llegado su oportunidad.
_¿Nosotros?_ inquirió Annie con toda inocencia; pero a partir de aquí,  Rita, tan tranquila, amable y sonriente, alargó su rostro de tal modo que apareció en ella el semblante de una mujer madura, cuyos años comenzaban a pesar. Sus ojos ahora opacos, se posaban en un rincón lejano de la casa, en dirección hacia un pequeño salón, lleno de estantes de libros; su boca reseca, apenas murmuró:
_No quiero que Jake se vea obligado a contarte sobre ella.
Verás, querida, me he acercado a ti y me he sincerado contigo, creo que para llegar a este punto. Hay algo que debes saber sobre Jake, y es que en el mundo no existe un corazón tan grande, y a la vez tan roto como el suyo. Tal vez sólo él, el espectro de Mary McKendry, y quien haya vivido una vida de infortunios, pueden comprender lo que significa perder a alguien de verdad: No es la vida y el destino, ni es la muerte y sus promesas de un mundo espiritual; es más como una madre encarcelada cuyo pequeño hijo fue arrebatado de entre sus brazos, llevado a otra cárcel, lejos de ella. Ahora sabe que sigue con vida, cargando pesados bultos sobre su pequeña espalda e ignorando el día en que morirá enfermo, o golpeado por los guardias de la prisión. Verás, el problema no radica en el encarcelamiento, la injusticia o el trabajo forzoso, ni siquiera en el dolor de la tortura. Radica en que cada día la madre se lamenta de que sus brazos no fueron más fuertes, que no fueron suficiente refugio para proteger a su hijo de las manos de aquellos que con increíble facilidad se lo llevaron. En que cada día sabe, o cree saber, que sigue con vida, pero ignora qué dolores esté sufriendo. Por las noches, nadie jamás se sentará a su lado, para leerle un cuento antes de dormir, y al saber ella, que jamás saldrán de su prisión, no le queda esperanza, y esto le hace lucir como una mujer hecha de arcilla, sin aliento de vida, que camina como la sombra de alguien que alguna vez estuvo allí.
Annie sentía que el mundo se agrandaba, y que su corazón se encogía con cada terrible palabra que explotaba de aquellos sombríos labios áridos.
_Esa es la prisión de la desesperanza, querida _siguió Rita_, y un corazón que ama es como carne viva que con facilidad se hiere.
Sin saber por qué, Annie no podía apartar sus ojos de Rita, pero gracias a esto, esta última se volvió, y miró como los azules ojos de su oyente aguardaban con algo de miedo a que ella volviera a ser como antes. Tomó bastante aire, cerrando los ojos, y en seguida, como una cala seca que recibe agua de pronto, su semblante recuperó color.
_Discúlpame, Annie_ dijo_. Creo que te has dado cuenta de que en esta casa nos cuesta un poco hablar del pasado.
_No…, sí, está bien_ Annie no estaba segura si hablaba, o sólo pensaba estas palabras.
_ Bien, pues es verdad que prefiero ser yo quien te hable sobre esta importante parte de la vida de mi hermano.
Verás, el verano aquí en Kendry es siempre caluroso, aunque no demasiado. Las personas suelen hacer parrilladas, los niños van a la cascada a nadar, o salen de pesca con sus padres. Aquel verano, nosotros _Jake, Ana y yo_ comíamos justo afuera de la cabaña. Sacábamos la mesa de madera, unas sillas, y Jake y yo recogíamos zarzamoras cerca de allí para los deliciosos postres que Ana hacía.
Aquel día, ese que cambió la vida de Jake, lo recuerdo como si hubiese sido ayer…

miércoles, 15 de julio de 2015

7. LA LEYENDA DE MARY McKENDRY o DEL LAGO PROFUNDO (Parte 1)


Por: Lydia Luna


_¿Dormiste bien, querida?
_Muy bien, gracias.
Annie habló con toda sinceridad, mientras bebía a sorbos una taza de café dulce y negro.
Una mañana limpia y luminosa.
La puerta corrediza de cristal _esa que daba hacia aquel asombroso jardín, ubicado justo detrás de la mansión_, estaba abierta a tope. A través de ella entraba un aire fresco y oloroso a rosas que inundaba cada rincón de la casa. Hermosa mañana, deliciosos aromas y sabores dominaban todos los sentidos de Annie Love. Su cuerpo se olvidaba de aquella vieja ansiedad por mostrarse dura y fría, y su mente se sentía como adormecida, estimulada por su encantador entorno.
_Tiene una casa muy hermosa, señora Henly.
_Muchas gracias, querida. Espero que Jake decida llevarte a recorrer al menos uno de los jardines hoy.
_¿Dónde está su hermano?
_Aún arriba. Yo despierto muy temprano porque salgo a la ciudad.
Tengo una casa de modas, mi marca se hace llamar Serenade. Creo que nunca te hablé acerca de mi trabajo.
_No, pero es muy interesante. No sabía que usted es diseñadora. ¿Qué tipo de ropa crea?
_Pues, se trata de un estilo alternativo; vanguardista, pero con clase.
_Me parece que usted habla por su marca. Es decir, usted luce un “look” excepcional, y si puedo decirlo, creo que se ve muy bella. Imagino que sus diseños son igualmente increíbles.
_Pues, gracias, querida. Yo opino que lo son_ rió.
Annie no podía evitar interrogar a las personas.
_Vaya_ suspiró_, ¿ por qué nunca habré oído sobre su marca?
_Debe ser porque es más popular entre mujeres que se interesan por la cultura “underground”_ respondió gustosa.
_¿Tiene alguna boutique?
_De hecho, sí. Hasta el momento vendo directamente desde mi propia tienda. Es un local bastante grande y muy bonito.
Annie iba a preguntar algo más, cuando Rita interrumpió, fingiendo no haberse percatado de que Annie iba a hablar:
_Esto es debido a que vendo a través del Internet principalmente, pues me conocen más en otras partes del mundo.
_¿Y qué significa el nombre Serenade?
_Es una palabra inglesa. La traducción de la palabra italiana “serenata”, que es una canción suave en honor de alguien. En sí, creo que significa calma.
_Oh, muy bello. ¿Por qué escogió una palabra en inglés?
_Bueno_ sonrió_, en la familia tenemos la tradición de bautizar nuestras cosas importantes con palabras inglesas, o que tengan relación con ese idioma,  pues nos gusta honrar nuestras raíces.
_No comprendo. Usted me dijo que en realidad no son hermanos de sangre. ¿Cómo pueden compartir raíces?
_Ocurre que mi familia vino de Inglaterra hace mucho, y la de Jake vino de Irlanda del Norte, por parte de su madre. Su padre tenía raíces italianas, o persas, o ambas… No estoy segura, pero Jake se siente identificado con el legado de su madre.
_Claro, es obvio. La primera vez que vine, él me comentó que su padre había… , bueno, que no tenía una buena relación con él.
Rita bajó la mirada y mantuvo un silencio incómodo desde sus labios cerrados. Annie ya había descubierto que habló de más, desde que terminó su frase, y tampoco supo qué decir después.
_Bueno, yo…_ comenzó con inseguridad_ ¿y por qué desea usted honrar las raíces de su familia? Después de todo, comentó que…
Esta vez Rita esperó a que terminara de hablar, pero Annie se había interrumpido, así que Rita dijo:
__Se que nunca me relacioné muy bien con mis padres. A quien honro es a mi abuela. Siempre la amé.
_Entiendo_ concluyó Annie.
Tomaron ambas el último sorbo de café y abandonaron la mesa para dirigirse hacia el jardín. Afuera, junto al portón de vidrio, había un antiguo sofá mecedor que acunaba tres cojines bordados y una manta de un desteñido color rosado, que se escurría hacia el piso. El viento suave la acariciaba, junto con esas doradas hojas que deambulaban por el empedrado y la tierra.
Rita invitó a Annie a sentarse, y lo hizo. Ella notó que la vida en el campo es más tranquila y espaciosa, al menos en una gran mansión que se rodea de increíbles paisajes naturales y de una brisa de rosas. Pero su ser entero, tan acostumbrado al ajetreo citadino _y al de su propia mente_ , no tardó en hablar ansiosa:
_Será mejor que se de prisa, señora Henly. Debe abrir su local. Imagino que cruzar la carretera, y después enfrentar el tránsito, deben atrasarla.
_No te preocupes. Hoy no pensaba ir. Quiero terminar unos bosquejos que tengo pendientes, y en estos días casi no me necesitan allá. Me levanté temprano porque ya me acostumbré a hacerlo.
_Bien_ exhaló Annie.
Estuvieron sentadas, mirando hacia el horizonte que perdía su forma más allá de los límites del jardín, en lo que parecía una gran y extensa pared de hojas que no tenía fin.
Rita estaba cómoda, Annie en cambio sólo podía ver ante ella su deber justiciero de encontrar al asesino de las chicas rusas, mientras repasaba con sus ojos la belleza de su derredor. A modo de amistosa conversación, abordaba a Rita:
_¿Y qué otras cosas han nombrado con palabras inglesas?
_Pues…_ pausó para meditar unos segundos y luego exclamó_ The Ghost of Mary.
_¿Qué es?
_Era nuestra banda musical, cuando chicos. Significa “el fantasma de Mary”. Decidimos llamarla así por la leyenda más famosa de este pueblo: “La leyenda de Mary McKendry,” también conocida como “la leyenda del lago profundo”.

lunes, 8 de junio de 2015

6. AMOR BAJO LA LUNA o LA COLUMNA DE HUMO (Parte 2)


Annie meditó un momento, y luego dijo:
_El fuego comenzó por la noche.
_Así es.
_De no haberla salvado a usted, Jake tal vez hubiera resultado herido.
_O habría podido pedir ayuda.
_Sí, tal vez.
_Como haya sido, él ya no podía hacer nada. Su casa estaba reducida a cenizas, y no volvería a ver a su madre.
Ana había bajado antes que nosotros dos. Ella había notado el fuego por la madrugada, mientras dormíamos, y había llamado al Departamento de Bomberos; y estuvo ahí hasta que amaneció. Cuando vio a Jake quiso acercársele, pero él se alejó caminando hacia el cobertizo donde antes se refugiaba. Permaneció ahí dentro durante un rato, yo lo esperé justo afuera, con toda paciencia. Ana, que nunca fue muy paciente, tocó a la puerta varias veces para hacerlo salir. Cuando salió, ella le dijo que cuidaría de él mientras se arreglaban con el hombre que sería su tutor hasta que cumpliera la mayoría de edad.
_¿Quién era ese hombre?
_Rafael; el amigo de más confianza de Megan. Él era el dueño de uno de los pocos restaurantes del pueblo, y apreciaba mucho a Megan y a su hijo.
_Parece que no sólo él. Ana estaba dispuesta a responsabilizarse por Jake, siendo que ella no era una mujer muy paciente. Seguro que lo hizo por aprecio hacia Megan. Parece que muchos en el pueblo la consideraban una amiga.
_Todos en el pueblo la querían, en realidad. Parece que ella no salía mucho, y era tímida, pero tenía el don de caerle bien a los demás. Esto es lo que Jake me contó sobre ella, cuando vivimos en casa de Ana.
_¿Usted vivió allí también?
_Sí; sólo durante ese verano, pues Jake le rogó a Ana que me permitiera quedarme para hacerle compañía. Como yo, él no tenía muchos amigos, por lo que en realidad, nos hicimos compañía el uno al otro. Para mí, su presencia fue más que suficiente; a su lado sentía que nada me faltaba.
Ese fue uno de los mejores veranos de mi vida.
Annie estaba absorta en la historia, cuando escuchó detrás suyo unos pasos. Se volvió para ver quién se aproximaba, pero no vio a nadie. Fue para ella algo muy extraño, y sintió un ligero escalofrío.
Rita la miró y supo lo que le pasaba, sin embargo ella no se alteró, al contrario, se mantuvo perfectamente tranquila.
_¿Qué te parece si nos sentamos en la sala para continuar hablando? Encenderé la chimenea y estaremos más cómodas.
_Está bien_ dijo Annie fingiendo estar muy calmada.
Después que se acomodaron en la sala, Rita continuó su relato:
_Yo era muy insegura en aquel entonces. Creía que debía siempre hacer algo atrevido para tener la aprobación de los demás. A mis quince, ya había experimentado el sexo, gracias a esto, en la escuela los chicos hablaban de mí, y me gané una reputación. Ahí con Jake, todo era fresco y puro, como si se me hubiera brindado la oportunidad de empezar de nuevo. Pero no sabía por dónde comenzar, ni qué hacer para ser yo misma, o alguien mejor. Ni siquiera estaba segura de quién era en realidad.
Una noche en que oí a Jake levantarse de su cama, salí de mi habitación para ver qué hacía.
Con una cobija gruesa sobre su espalda, se había salido de la cabaña y sentado en la silla de madera que se hallaba en el porche. Hacía un viento frío, pero él parecía muy a gusto. Miraba en dirección al bosque y a las sombras en la noche. Iba a salir a hacerle compañía cuando noté una lágrima que rodaba lento por su mejilla. Entendí que extrañaba a su madre y que deseaba estar solo, y regresé a mi cuarto.
Ya no pude dormir, di vueltas en la cama por un buen rato, hasta que lo oí entrar a la casa. Mi corazón se aceleró y me quedé inmóvil para escucharlo con atención. Llegó a su cuarto y cerró la puerta, pero yo estaba segura de que no podría dormir, al igual que yo. Me decidí; salí de mi cuarto y toqué a su puerta. Cuando preguntó quién era, le dije que deseaba acompañarlo. Él me permitió entrar y me senté al lado suyo en su cama. Me acerqué más a él y lo abracé fuerte, con todo mi cuerpo pegado al suyo para que pudiera sentir mis senos contra su pecho. Su corazón latía con fuerza, y me miraba a los ojos. Le pregunté si alguna vez había besado a una chica, y él me respondió negando con la cabeza.
Le sonreí, nos miramos sin parpadear; acercando mi rostro al suyo toqué su nariz. Podía sentir su aliento como oxígeno para mi alma, como si nunca hubiera respirado antes; era suave, dulce y excitante. Acaricié sus labios con los míos después; vi  que comenzaban a temblar frente a mí, no lo resistí y lo besé. Sus labios, claramente exitados, eran aún así, fríos. Lo rodeé con mis brazos apretada contra él, mas su cuerpo no se fundía con el mío. Intenté besarlo más, desabotonar mi ropa, pero él se desprendió de mí al instante, y me imploró perdón con sus ojos.
Esos ojos color ámbar, grandes, hermosos, brillantes, no me dejaron odiarlo, ni un poco. Y en esos mismos ojos pálidos, ese corazón, ese aliento frío y labios tristes, reconocí a un hermano.
Ahora estaba avergonzada, y no pude evitar mostrar lo triste que me sentía conmigo misma y con mi vida. Mirando mis lágrimas, me dijo suavemente: 
_No tienes que hacer esto para agradarme. No tienes que hacer nada, pues tu sola existencia me ha bastado para amarte. 
Al oír eso, mi corazón estalló en un fuego que recorrió mis venas, me sentí débil y vulnerable, pero también, renovada. 
_Yo también te amo_ le confesé.
_Pero no podemos hacer esto_ me dijo_ y tampoco necesitas hacerlo con nadie más, no hasta que sea la mejor decisión. Ahora ya no estás sola, estoy contigo, y no te abandonaré. Lo prometo.
De debajo de su almohada sacó un pañuelo que me prestó para limpiar mi rostro. Me reí de mí misma y de lo que pasó entre nosotros, y al final nos abrazamos; esta vez su cuerpo era tibio, y el mío igual.
Annie pasó la noche en la mansión. Jonathan, el joven mayordomo, le había asignado una habitación, siguiendo las órdenes de Jake.
La casa en general seguía los estándares de la arquitectura que fue popular en los siglos dieciocho y diecinueve, y los cuartos no eran diferentes. El de Annie estaba tapizado de un tono rosado pálido, había un ropero y una cama, ambos de estilo clásico, y un tapete de diseño persa complementaba la decoración.
Sola al fin, a la luz tenue de una lámpara que descansaba sobre el buró al lado de su cama, meditó en que al final de ese día se sintió diferente. La casa tenía un encanto, una esencia que la llenaba de sensaciones de calma, frescura, y una mezcla de abrumadora melancolía y romántica, alegre pasión.
Eran el mundo, su rutina, su trabajo, el departamento donde vivía sola, un borroso conjunto de ideas superficiales que parecían existir en la imaginación de ella. Ella: una mujer que no conocía la belleza, la bondad, o la libertad de ser auténtica y de sentir de verdad. Hasta ahora.
Al día siguiente, despertó para percibir que un aroma dulce a mermelada de frutas y café reinaba en la mansión.
Se vistió, bajó las escaleras hasta el comedor y Rita Henly la invitó a desayunar con ella.

jueves, 14 de mayo de 2015

5. AMOR BAJO LA LUNA o LA COLUMNA DE HUMO (Parte 1)


Por: Lydia Luna
Subí al auto del novio de Maryana, junto a ella, los amigos de él y otra amiga. Él condujo por lugares que yo nunca había visto, hasta que se hizo de noche sobre una solitaria carretera. Los muchachos nos dijeron a nosotras que aquí debíamos parar y bajar del auto, puesto que la casa que era nuestro destino, se hallaba a sólo tres metros de ahí. Subimos todos en medio de la noche, por una colina del bosque que parecía no conducir hacia nada, y luego de casi un kilómetro recorrido, nos topamos con un pequeño cobertizo construido en su totalidad con tablas de madera. A nuestra derecha logramos ver una casa también de madera, con muchas ventanas y un lindo porche, con una silla reposando sobre él. Pensé: “¡Qué alivio, esta debe ser la casa!” Pero los chicos no nos invitaron a entrar. Nos dijeron que nos aguardaba una sorpresa, y por ingenua, me dejé engañar. Ellos me empujaron dentro del cobertizo, luego entraron y comenzaron a golpearme. En medio de mi confusión, creí que agredían a mis amigas también, pero al mirar bien, me di cuenta de que estaba sola. Mis amigas habían planeado todo, junto con los muchachos. Me odiaban; me había ganado una mala reputación en el colegio y ahora todos ellos estaban decididos a torturarme. Yo estaba segura de que ahí moriría, pero algo ocurrió: se oyeron pasos acercándose al cobertizo y por alguna razón esos pasos causaron terror, incluso a mí.  Mis atacantes salieron corriendo como si sus vidas peligraran; yo estaba en el suelo, cubierta de sangre y ropas rasgadas, pero pude ver una mano gentil que se extendía frente a mí. Por inercia la tomé y a su contacto supe que esta persona me guiaría hacia la vida.
Ambos salimos del cobertizo, y la luna era nuestra única lumbrera. Aún así la persona a mi lado parecía ver con toda claridad. Me condujo a toda prisa por el bosque y me decía en voz baja a cada momento: “No mires atrás”; “corre”; “los perderemos si vamos por aquí”. Susurraba, y con su suave voz me alentaba a continuar. A pesar de que yo moría de miedo y no sabía hacia dónde ir, me dejé guiar por esa mano que jamás me soltó, hasta que se detuvo en un lugar tan increíble como jamás hubiera podido imaginar: frente a nosotros se extendía un claro del bosque, rodeado por altos árboles que en la densa noche parecían gigantes que resguardaban el lugar. Justo en el centro descansaba un lago; era algo pequeño, comparado con otros, pero no dejaba de ser espectacular. La luz de las miles de estrellas se posaba sobre su superficie. Todo estaba en paz ahí, menos yo; comencé a llorar y a temblar de terror, pues no había tenido tiempo antes, siquiera de respirar.
Después de un rato así, al fin pude, o más bien, tuve el valor suficiente para alzar la mirada y ver el rostro de mi héroe, y lo que la luz plateada de la luna me dejó ver cambió mi vida para siempre: No se han inventado las palabras para describir el esplendor que reluce en el rostro de este ser, que se enciende cada vez que te mira, cada vez que habla, cada vez que sonríe con sus labios rosas. Pensaba que era un ángel, y aún ahora creo que lo es, pues su belleza es un mero bosquejo de lo que hay en su interior. Terminé perdidamente enamorada de él, en tan sólo un segundo, ese que me tomó inhalar aquel aire nocturno, y exhalar un profundo suspiro. Lo que me había pasado hace sólo una hora, en mi mente se había disipado, como un vago recuerdo del pasado, y me invadió una sensación de paz, y del más raro sentimiento para mí: la sensación de estar en casa. Un hogar que existía, pero que yo no había conocido. Deseaba seguirlo para siempre, a donde su mano me llevara.
_Jacob Roman_ concluyó Annie.
_Sí. El hijo único de Megan McKendry, la dueña por herencia de aquella casa y del cobertizo en el que me habían atrapado. Este último a Jake le servía de escape ante los problemas en su casa. En él se refugiaba y escondía sus tesoros, y esa noche se sorprendió al oír voces, y mis gritos invadiendo su lugar privado. Se acercó, entendió que yo estaba en problemas, y de algún modo asustó a los que me torturaban.
Todo esto él me contó, una vez estuve calmada, y su voz era para mí como una canción de amor. Como si lo conociera, le conté todo lo que me había sucedido esa noche, y todo lo que me había sucedido en mi vida. Le decía que me sentía como una idiota, por haber creído en quienes me traicionaron; no sólo me refería a mis amigas, también a mis padres, a quienes alguna vez creí que conocía y que me amaban más que a sí mismos. Le decía que sólo deseaba escapar, no de todos ellos , sino de mí, de mi ingenuidad y mi soledad. Él me miraba con el brillo de la luna posado en sus ojos, y su sonrisa, suave como el aire del bosque, me confesaba que me comprendía y que ya me amaba, a pesar de que ni siquiera sabía mi nombre.
Me dijo que todo estaría bien, y que al menos por aquellas horas, lo que me agobiaba quedaría olvidado. Después me tomó de la mano otra vez, y me llevó a través del claro, pasando cerca del lago, después colina arriba hasta que llegamos a una cabaña modesta y pequeña. Pertenecía a una mujer llamada Ana, ella era guardabosques y aparentemente, gran amiga de Jake y de su madre. Ella me curó, y nos acogió a ambos en su casa durante el resto de la noche, no sin antes hablar con Megan por teléfono para comunicarle que su hijo estaba a salvo allí.
Toda la historia fascinaba a Annie, pero una pregunta giraba en su cabeza:
_Usted tenía quince años en mil novecientos noventa y uno, ¿cuántos años tenía Jake?
_Doce.
_Su hermano luce muy joven. Podría jurar que sólo tiene veinte años. O tal vez, incluso menos.
_Pues, ahora sabes que no es así, ¿cierto?_dijo Rita hábilmente.
_Sí…, claro.
Rita se esforzó por continuar su historia:
_Esa noche no sólo para mí la vida cambió, también para Jake, pero en realidad, no para bien: Ambos despertamos temprano el siguiente día, con una sensación extraña en el cuerpo. La mañana era fresca y todo estaba en silencio, pero cuando salí del cuarto donde dormí y vi a Jake de pie en la sala, sin moverse, supe que algo no andaba bien. Me acerqué a él, deseé preguntarle con palabras que sucedía, pero no me atreví, así que sólo lo miré. Él tampoco habló; entendiendo mi pregunta, con sus ojos me dijo que no sabía qué estaba mal con exactitud. En eso, su mirada se llenó de horror, corrió hacia la ventana y tiró de las cortinas para poder ver hacia el exterior. Lo que vio lo obligó a salir corriendo de la cabaña, colina abajo. Yo salí tras él, y mientras corría noté a lo lejos una columna de humo que se levantaba en dirección hacia la casa de Megan, la madre de Jake.
Cuando al fin llegué a esa casa, Jake estaba de pie, observando a unos hombres que subían a una ambulancia el cuerpo quemado de su madre.

lunes, 27 de abril de 2015

4. EXTRA-OFICIAL (Parte 2)


La mesa del comedor principal lucía hermosa, ataviada con un mantel de lino bordado, complementado con velas, candelabros de plata y detalles de naturaleza muerta, como decoración entre cada candelabro. Una vajilla de gusto exquisito presentaba ante cada comensal un conjunto de platillos que iban desde un estofado de carne y verduras hasta una compota de peras doradas y manzana. La comodidad, las gentes que conversaban a la mesa, tan agradables y de sencillas maneras, y aquella cena tan gustosa, le hacían difícil a Annie la tarea de mostrarse fría y seria como hace unas horas. Siempre ha sentido la obligación de mostrarse así ante las personas. De ella se fían tantos para resolver casos, para tener cada problema bajo control. Y ante esta situación, es decir, ante un sospechoso de asesinato y toda su casa, debía ser calculadora y autoritaria, sin permitir un sólo espacio a la camaradería.
Pero la cena y todos los presentes, que eran en verdad muchas más personas de las que ella imaginó ver esa noche, la invitaban a compartir un momento relajado de amena conversación. Ella no podía evitarlos, pues terminaría creando una imagen grosera de sí misma ante todos, y más importante, ante Jacob Roman, quien sentado a la mesa frente a todos los presentes, bebía vino y escuchaba con gusto las conversaciones triviales, y las alegres risas, mas casi nunca hablaba y casi no comía.
_Detective Love._ el amo habló de pronto y todos callaron. Annie prestó extrema atención.
_Dígame, señor Roman.
_¿Cuál es su nombre?
_Oh, mi nombre es Annie.
_Es un lindo nombre, detective.
_Gracias, señor.
_¿Puedo dejar de llamarla detective Love, y comenzar a llamarla Annie? Usted se ha portado muy amable con nosotros, y hablo por todos cuando le digo que nos resulta incómodo ser tan formales con usted.
Todos la observaban con una sonrisa y ojos expectantes.
_Eh… claro._ titubeó Annie_ Claro que sí, señor Roman.
Por favor, deje de llamarme señor Roman. Sólo mis sirvientes me llaman señor… a veces_ se oyeron algunas risas discretas_. Dígame Jake.
Annie bajó la mirada.
_Por favor, hágalo Annie._ le insistió.
_Claro, lo haré. Si eso quiere.
Resuelto ese tema, retomaron todos sus pláticas y sintieron la confianza suficiente para conversar más con Annie.
Terminada la cena todos se retiraron, dirigiéndose hacia el vestíbulo y de ahí, hacia una puerta que conducía al jardín. Al contrario de lo que Annie esperaba, ninguno de ellos salió en dirección al estacionamiento, ni siquiera hacia los numerosos cuartos que se encontraban en el piso superior. ¿Hacia dónde iban entonces?
Cuando estuvo sola y el vestíbulo quedó vacío y a oscuras, se acercó en silencio hasta aquella puerta, y se dio cuenta de que a través de ella no se llegaba sólo al jardín, sino además hacia un extenso pasillo con macetas de barro a la derecha, y numerosas puertas al lado izquierdo que parecían conducir hacia pequeñas habitaciones. Cada una de ellas tenía una modesta lumbrera colgada arriba, y pudo escuchar con bastante claridad las voces de muchas personas, y hasta de niños, escapando de los cuartos. Al volver la vista hacia su derecha, miró que había otro pasillo igual, con muchas puertas y sus lumbreras, separado del pasillo frente a ella, por un bellísimo jardín rebosante de matorrales, con un camino empedrado y una bella fuente de piedra al centro.
_¿Señorita Annie?_ dijo una voz detrás de ella, y volvió la cabeza. Vio entonces a una bella mujer. Era una de las personas que cenaron esa noche, y que se había sentado junto a Jacob Roman. Hermosa, sin duda, aunque su aspecto era extravagante: Parecía mayor que Jacob Roman, una dama de mediana edad, pero su cabellera larga y rubia estaba arreglada con “dreadlocks” muy espesos, teñidos en tonos rosas y negros en varios sitios, y recogidos en dos gruesas coletas. Su blusa negra tenía un par de largas solapas que caían por la espalda hasta sus rodillas. Debajo usaba un pantalón corto y unas medias decoradas con un estampado que recordaba al “graffiti” de antes.
En verdad era un modo de vestir muy alejado de lo que las mujeres de esa edad acostumbraban, pero a pesar de tanta extravagancia, no lucía nada mal. Mas bien se veía genial y andaba con un aire de elegancia.
_¿Se le ofrece algo, señorita?_ continuó esta dama.
_No, discúlpeme. Sólo estaba admirando este jardín. Es divino. El señor Jake tiene buen gusto.
_Sí, lo tiene_ ambas miraban hacia el jardín, y luego la dama se volvió para ver a Annie_ . No me presenté: Soy Rita Henly, la hermana de Jake.
_¡Oh, su hermana! ¿En serio? ¡Vaya, un gran gusto! Como nos sentamos tan separadas una de la otra a la mesa, no pudimos conversar. Dígame, ¿por qué su apellido es diferente al del señor? ¿Es su nombre de casada?
_No; verá, yo no soy su hermana carnal; soy su mejor amiga, pero nos tratamos como familia, pues soy lo único que él tiene, y él lo único que tengo yo; además de mi hijo Colin y mi esposo.
_Vaya, ya veo. ¿Entonces el señor no tiene familiares, ni siquiera lejanos?
_No. A nadie. De hecho, ambos somos huérfanos, aunque nos conocimos cuando aún teníamos familias.
Annie moría de curiosidad, mas no dijo nada. Rita decidió continuar, adivinando su pensamiento:
_A pesar de vivir con mis padres, yo me sentía sola. Tenía amigas en el colegio, pero no podía contarles cómo me sentía, pues a sus ojos yo era la chica rebelde, extrovertida y siempre alegre, que todas las demás envidiaban y que todos los muchachos deseaban.
Sólo tenía quince años cuando conocí a Jake. Era el verano de mil novecientos noventa y uno, mis padres habían olvidado mi cumpleaños, así que decidí escapar finalmente de casa. Pero las dudas y el miedo hacia lo que me depararía el futuro me convencieron de ir con mis amigas a una fiesta de chicos mayores, en casa de mi mejor amiga, Maryana. En vez de hacer maletas para huir de casa, las hice para un verano rebelde, en el que planeaba hacer todo lo que yo quisiera.

domingo, 22 de marzo de 2015

3. EXTRA-OFICIAL (Parte 1)


por: Lydia Luna
 Los días de la semana siguiente transcurrieron rápidamente, pero Annie Love no podía dejar de pensar en aquel joven Jacob Roman, y en todo lo que él había dicho aquella noche, acerca de cómo su padre le había conducido a la adicción.
Era muy incómodo para ella vivir sus días así, pues esos temas difíciles_ realidades espantosas que algunos niños sufren_ la enfermaban de una profunda depresión y la hartaban de recuerdos y culpa. El trabajo no era suficiente antídoto, y sabía que no lograría olvidarlo.
Pero cómo explicarse ante sus superiores. Su reputación quedaría en juego si revelaba hasta un indicio de debilidad.
Luego de dos semanas más, solicitó permiso para regresar a la mansión a continuar con la investigación. Pero su superior insistió, claro, en que ya se consideraba un caso cerrado, pues no existían pruebas, ni testigos, ni aún sospechosos suficientes para continuar. Nadie respondía a los avisos publicados para reconocer a las víctimas, con la excepción de aquella mujer Clarissa Guardia, que había hablado con ellos sobre su madre, una prostituta que vivió en Penza, en la Rusia central, en esos años. Guardia era la única que parecía  conocer a una de las víctimas halladas en la cabaña, pero los resultados al analizar los huesos, no eran suficientes, y por si fuera poco, esa mujer parecía distraída y caótica. Nada era seguro, nada encajaba.
Se concluyó que los huesos pertenecieron a familiares del dueño original de la cabaña, que fueron enterrados allí, a modo de cripta familiar.
Pero Annie no estaba convencida, y a decir verdad, Tony tampoco, pero él no lograría convencer a nadie, y francamente no tenía deseos de volver a esa extraña mansión.  Annie tampoco convencía a su jefe de permitirle continuar. Pensó entonces en pedir permiso para seguir por cuenta propia. Si ella y su superior no hubiesen tenido una relación laboral tan buena, él se lo habría negado, pero muy a pesar de creer que no debía, le permitió a la joven pero experimentada detective, continuar su investigación, con la condición de que todo lo recavado por ella se considerara “extra-oficial”.
Cuando regresó a la mansión, la tarde y sus otoñales colores pintaban piedra a piedra la fachada exterior de tonalidades rosadas y destellos de oro. No lucía tan escabrosa ahora, y hasta parecía acogedora; un lugar lleno de luz, rodeado de altos bosques y muros laterales recubiertos de flores.
El recibimiento fue bastante similar al de aquella noche: amable, elegante, pero algo frío.
Esta vez el amo Jacob Roman no estaba en aquel amplio vestíbulo ahora luminoso y colorido debido a la luz del sol que se filtraba por el ventanal, y se posaba sobre las fibras delicadas de los tapetes y de los cojines de los muebles.
Annie lo esperó toda esa tarde, comiendo los bocadillos que le habían ofrecido, y bebiendo la taza de café que sostuvo mucho rato en sus manos. Entrada la noche, las luces de los faros de una 4x4, atravesaron las largas ventanas ojivales que decoraban la entrada a la casa.
El vehículo daba la vuelta y terminaba de estacionarse mirando hacia el muro izquierdo del área de estacionamiento, el cual estaba todo revestido de enredaderas.
El amo entraba a la casa. Aún a la distancia, desde la mesa del comedor en donde Annie estaba sentada, aquel varón lucía imponente, de exagerada perfección y escandalosos ojos claros, delimitados por ese fino rostro de matemática simetría,  y esa larga cabellera ondulada. Annie estaba absorta cuando de pronto se percató de que Jacob Roman estaba ya a sólo un par de pasos frente a ella, y además, la miraba. De cerca, frente a frente, aún más cerca que aquella noche, su mirada y su luminosa presencia, le impedían a ella mostrarse serena y profesional, y la obligaban a admirarlo con sus azules ojos muy abiertos y su corazón acelerado.
_Buenas noches, detective Love._ pronunció él.
Luego de un momento, Annie se levantó y le extendió la mano.
_Buenas noches. ¿Cómo está?
Él recibió su mano y respondió:
_Bien, gracias. Siéntese por favor. ¿Ya la han atendido?
_Claro, señor Roman. Desde que entré me recibieron muy bien.
_Entonces, ¿necesita algo más?
_Estoy bien, de verdad. Muchas gracias por preguntar.
_Bien. Imaginé que regresaría pronto, detective. ¿Tiene nuevas preguntas para mí?
_En realidad sí. Sólo que esta vez vengo por cuenta propia. Verá, toda mi investigación será considerada extra-oficial de ahora en adelante, pero mi informe servirá para definir este caso.
_Claro, detective.
_Necesito que me hable más acerca de su vida allá en la cabaña_ pausó un momento al ver el rostro de su oyente mirando distraído hacia arriba, como si buscara algún ruido extraño _... , pues creo que lo que nos contó esa noche no fue suficiente. Usted comprende, ¿cierto?
El joven continuaba buscando con sus ojos entre las sombras que delineaban el pasillo y las muchas puertas del piso superior. Parecía que sus ojos iban perdiéndose más en ese vacío, cuando, volviéndose hacia ella, le dijo:
_Quédese a cenar, detective. Hablaremos entonces.
Se dio la vuelta y alejándose llamó a su mayordomo_ cuyo nombre es Jonathan_ para que organizara otro asiento a la mesa para la joven detective.
Annie aceptó quedarse, pues era muy tarde y además no tenía alternativa.